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10/06/2007

NUEVO LIBRO DE SELMA HECKLER.

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    FRAGMENTO NUEVO LIBRO DE SELMA HECKLER.

El primer navajazo le entró  a dos   centímetros por debajo de la oreja, desgarrando la piel como  una navaja de Albacete penetraría  en la mantequilla un día caluroso de julio. La cara porcina del bujarrón se contrajo levemente y soltó un apretado ruido , una ventosidad exabrupticamente diminuta que  sonó como el pedo de un grillo y que le sonó a  Jeno como  “grrrj”. El gritito, lejos de aplacarle, le hizo arder aún más su sangre, ya encrespada por los seis  lingotazos del  Coñac Torres que se había metido  al cuerpo durante tres horas previas mientras   vigilaba apalancado al  espécimen en el interior del coche. Cuando  retiró el cutter la sangre saltó hasta el  techo como un geiser  de lava, como un arco voltaico   escarlata que  se expande en multivariantes formas sobre la pared encalada.Miró la cara porcina con mofletes sonrosados  de su agresor. La sebosa redondez de un lameculos habitual, palanganero y memo de los que  realizan la proskinesis ante el poder establecido. El  necio y verriondo cuerpecillo inició un ataque. Pero  Jeno no le dio respiro. Rápidamente le dio un empellón que  lo hizo trastabillear un poco, pero  El cerdo recuperó el equilibrio  y  braceó levemente con sus manos regordetas y sus mofletes aumentaron su tono carmesí mientras trataba de sujetarle las manos en un vano intento por agarrarle. Sólo entonces  se dio cuenta de que su rival  tenía “la mirada de los mil metros” y que su determinación de matarle estaba clara y que  lo que había empezado como una reyerta leve iba a terminar con uno de ellos  desplomado, muerto y derrumbado como un polichinela. Y al cerdo le entró en miedo. Sus ojillos ojivales estaban  velados por el pánico. Y en honor al  dios Pan, Jeno  tuvo cuidado de tomar impulso y acertarle  de nuevo, pero  esta vez el filo  entró-entró y  oblícuo  y descendente con trayectoria curvada hacía abajo.  Con  saña, nada de cortecito de señorito andaluz cotando jamoncito con   vaso montilla en  la mano. No, como u  rudo  fresador le metió el estoque con  garra y la tajada fue de ley y le desgarró las aletas de la nariz.  Los pliegues de la  piel quedaron  aleteando sobre los dos orificios y el resoplido del cerdo al respirar   movía como una sábana secándose al sol del verano en un día  despejado los  flecos de piel descarnada.  El cerdo se quejaba como esos guarros a los que el matarife les despacha mientras  la quermese de invitados aplaude y toma cañas y tira las gambas al suelo encerado. En realidad ese último  golpe le hizo  más dolor  que  daño a su victima, pero  El Cerdo  perdió unos breves segundos en quejarse, los suficientes para que  dolor preñado de  decibelios le hiciera darse cuenta a Jeno que la tarea no estaba acabada y que si su víctima   si aún tenía fuerzas para gritar, también las tendría para correr o zafarse. La posibilidad de que el madrileño se le  fuera de najas y vivo  hizo  El que Jeno le clavase de nuevo el metal con tanta fuerza que se hizo daño en la muñeca y gritó al mismo tiempo  que el acuchillado. Hubo una sinergia en los dos gritos.  Grito de rabia triunfante desde el fondo de su alma liberada de Jeno en cumplida venganza  y grito de miedo dolor y sudor del otro.  Pero el grito del cerdito  tenía un timbre más agudo y más preñado de dolor, mientras que el del agresor era el grito de rabia y satisfacción del desahogo de tantos meses de sufrimiento. “El grito descarnado  de Puerto-Hurraco, señores del Jurado “ diría el  anancástico  evaluador psiquátrico  unos meses mas tarde en , medio del   tormentoso proceso. El grito con que el primer  primate le dio con la quijada  de mulo al otro  espécimen luchando por la comida en  los tiempos de los mamuts y el deshielo. El grito del triunfo. El grito del sobreviviente. El grito del superhombre mandando al carajo al superego, a  Freud y a su  pastelera madre  sionista y  fajándose como un estibador  patibulario sobre un nazerí corrupto que está chupándole la sangre. Jeno pudo ver como los ojillos –rojizos por el hash- del otro  le hablaban en el lenguaje mudo de la sorpresa ante la Parca. El Cerdo- respetemos su anonimato, señores, pues al fin y al cabo está finado- y es  su cuerpo putrílago en la actualidad con las seis cuadrillas de la muerte de   Megnin  campando por sus vísceras, pero  al Puerco le  empezaba a sentir como se le escapaba la vida por la espetera babeante  y rojiza. Jeno no se anduvo con miserias y  generosamente  esta vez le  segó  el cuello encima de la nuez. La herida se llenó  espumeante de baba y sangre,  como un geiser pero una sangre  tan  oscura que parecía coca-cola . Jeno no estaba para detalles cromáticos, pero la visión del otro ahogándose como un perro, lejos de calmarle le excitó aún más y –esta vez lentamente y recreándose- le endosó una  patada en la entrepierna del otro que lo tumbó  sobre sus rodillas. El otro tosió y otros cientos de pequeñas gotitas de sangre  pulverizada como gaseosa con casera, se esparcieron sobre el suelo de mármol de Almería, con su inmenso corral y su hermosa bahía. Se ahogaba en sus pútridos y babeantes  fluidos mezcla de sangre espumosa y mocos verdosos. Las gotitas rojas de sangre salían expelidas por cada respiración como un taponazo de champán, pero con cada arcada se le iba llenado al fuerza y  sus ojos empezaron a ponerse balncos y a cerrarse. Las gotas de sangre en la pared fueron luego cuidadosamente  estudiadas por  Los  adoradores de Césare Lombroso tuvieron cientos de muestras a cual mas optima para jugar con sus legos y pinceles.Jeno se echó hacia  atrás, basculando todo su peso al descargar el siguiente golpe, pero esta vez se aseguró que toda su rabia convergiese en el momento del impacto. La mano de su victima se interpuso y Jeno pensó que después de todo las heridas defensivas serían  una prueba mas de  que en su crimen  se había dado alevosía. "Hubo alevosía?, si señoría, hubo alevosía, por favor forniquese  a su tía, Señoría;  y que mejor acabara rápido con la matanza  antes que recrearse en la  muerte. “ Curiosamente,  su mente se volvió mas  astuta y decidió que  la presencia de heridas de defensa le incriminarían aún mas  y que mejor acabar rápido.

Había planeado el asalto durante meses, pero luego se sorprendió con que rapidez y  rotundidad ocurrían las cosas en la vida real y fuera de su espacio vivencial  interno. Coño, ni se estaba dando cuenta de lo que  hacía y si pasaba es porque  a fuer de haberlo practicado en su mente cientos de miles  veces, las cosas  no salían tan perfectas como en sus pensamientos hipnopómpicos   que siempre se  solapaban con una erección  en el despertar  de Jeno, mientras  que  las imágenes hipnagógicas las  tenía Jeno  antes de irse a dormir y … ¿ Y eso que és? Decía la gente en el Juicio Oral.

Pues  que hay unas lesiones en mi defendido que  le impedía   percibir las percepciones.  Decía el abogado de oficio mientras se tiraba unos guiños a la secretaria taquimecanógrafa estética y estenógrafa. La asimbolia es  la pérdida  unilateral del componente simbólico de la percepción, mientras que la agnosia es la incapacidad  bilateral de discriminar  y diferenciar cosas o sonidos ( agnosia auditiva) mientras que en la   asimbolia se ha perdido  la capacidad de  reconocer las formas y la materia.

 El  componente simbólico de la percepción para  percibir cosas y reconocerlas. Vamos, que  en el cerebro de Jeno se producía una  asimbolia y , total  ya puestos a matar,  A  Jeno le perdía todo conocimiento de los objetos. Podría matar  al cerdo mil veces  en su imaginación y “podía producir el espacio de los ojos cerrados”  y al cerrar sus ojos durante las incontables sesiones del juicio retransmitido en directo para Tribnal TV, pay per view, que santa  te conserve vista. Pues él citado jeno  poseía el don de la alucinoidia óptica  y en  todas ellas tenían un arma diferente. Lo único que no variaba era el resultado final.

El Cerdo exangüe. tal como el lo esperaba y la desencadenante concatenación de hechos era taan precipitada que a penas si el, el autor del hecho criminal, pudiera  regodearse  en su trabajo. Echó el resto y superando el dolor de la mano sacó el cuchillo nuevo y reluciente ( le había costado el maletín 49,97 euros en un   Lidl).  Y  ,como  se trincha a un pavo  en Navidad, con un trallazo, se lo clavó con todas sus fuerzas debajo de la tetilla  derecha. Notó el ruido de cómo se rompía la costilla y luego se dejó literalmente caer sobre él con todo su cuerpo, mientras movía como una batidora el  filo hasta avanzar en el interior del cerdito.  No era un  error  al lado opuesto del  pecho donde no estaba el corazón.

Por sorprendente que parezca, algunas heridas del corazón eran factibles de ser curadas porque el  propio grosos del músculo actuaba como una espuma que hacia que se cerrase la herida. Como uno de esos esprays que venden en las gasolineras para aplicar a las llantas cuando se ha tenido un pinchazo  durante el viaje. Se aplica al tener un  pinchazo y se aguanta hasta llegar al taller. Pues no, oiga, yo me cepillo al Cerdo y éste porcino se queda aquí listo de papeles, oiga usted.  Solo faltaría que  despùes de todo El Cerdo se  salvara porque   algún samaritano lo llevase  rápidamente al hospital y algún galeno  con manos de pianista y   barnard de última generación con  lentes culo vaso de esos tan empollones de  Torrelodones, tócame los cojones, le  cosiera el desperfecto al Cerdo mientras él iba a galeras a  lavar gayumbos carcelarios durante nueve años. No, mejor  pinchar en el pulmón, que se pincha como un globo y se deshace como pan mojado. Y además la muerte es mas dolorosa.  Al ceerdo se le  encharcarian los pulmones y se  ahogaría en ssus propias babas como un pez que lo sacas del agua y babea penosamente durante seis horas antes  de palmar. Con la fuerza del golpe Cayeron los dos, pero Jeno encima aprovechó el momentum para avanzar  como una perforadora  moviendo el cuchillo dentro del otro mientras sentía la sangre correr por sus muñecas e impregnar sus ropas.Pasaron lo que el pensó eran unos segundos,pero que luego los de la Judicial  estimaron fueron  entre  diez y veinte  minutos mas hasta que El Cerdo dejó de moverse. Jeno,  durante sus muchos meses de preventiva se había esforzado en  regresar mnésicamente a ése punto álgido de los hechos,pero no abía manera de recordar nada. “Amnesia lacunar voluntaria” había diagnosticado la forense, una tipa seca, mal follada y avinagrada que  andaba con las piernas torcidas y  con medias rotas y que durante el jucio  habia sido la orácula con cara  con ojos de tortuga adicta a la nicotina.Jeno se levantó trabajosamente, con todo su pecho manchado de sangre y por un momento pensó que  ambos estaban heridos. Quien sabe, en su descarga de ira y  furor le podrian haber heriddo y ni haberlo notado.Pero no, estaba indemne.manchado de sangre en el pecho y de semen en los poantallones,pues el otro se habia corrido en un estremecimiento final.Que asco, pensó Jeno, este tipo es un Cerdo y se comporta como  tal hasta el final. Luego se apercibió que el cuchillo había literalmente  atravesado  la intersección de dos vértebras y había seccionado la médula, haciendo que el paroxismo de su exhangüé victima fuese una eyaculacion peri mortem. Sin glamour el madrileño se había ido al otro barrio culeteando  bajo los efluvios de la babosa excrecencia del caracol. Disgusting man until the end.Jeno se sorpendió lo curioso del cerebro humano. Acababa de darle el matarile a un pervertido y su a  su parte reptiliana del rinencéfalo  oculto y profundo como un  tesoro  le daba por hablar  en extrañas lenguas. Vale, Diderot, que no  estoy ahora para disquisiciones  filosóficas, dijo a una de sus voces habituales que  reverberaban en su  cerebro. Otro día hablamos, hoy estoy ocupado destripando al  hideputa que violó a mi hija. Es la eidética imagen que me ha mantenido con vida estos  14 meses, resopló.Se levantó de forma vacilante y se dirigió al baño. Se metió en la ducha y , sin molestarse en quitarse la ropa, abrió el grifo mientras su garganta soltaba un estallido final de alegría. AhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhFue la última vez que  exhaló un sonido como hombre libre. El animus necandi había triunfado, pero su Alma inmortal se  liberaba de él de forma paulatina y lenta, como un chorro de vapor que sale por un agujero y se evapora hasta las nubes dejándole convertido en otro asesino.Allá arriba, encima del  cúmulo algodonoso 3465 , sus  dos   Angeles Custodios movían levemente la cabeza.

-“Pena de tu chico, Juanito, se ha convertido en un asesino.Tontamente”

-“Si”. Lágrima solitaria. “le dije que  estudiase   Notarías”

-“¿Y ahora?”

-“A sufrir” 

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10/06/2007 17:11 Autor: librospapensar. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


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